La búsqueda de la excelencia

Queridos amigos, en esta ocasión deseo continuar con un tema que fue tocado antes por mí, en un post anterior en el cual les dije que les hablaría acerca del carácter. Para hablar de un carácter integro en este caso, sería necesario hablar acerca de la excelencia y la necesidad de hacer lo correcto llevados por nuestros valores más altos y más profundos en toda ocasión.

Sin embargo, en nuestro mundo actual carente de valores estables es bastante complicado establecer cuáles son esos valores, pero sí podemos saber que existen principios fundamentales en los cuales se basan muchos de los valores y que ellos son universales, como los principios de la vida, el amor, la honestidad, la excelencia, entre otros.

Hoy quiero hablarles de la excelencia y cómo puede esta buscarse en un mundo inestable, resquebrajado y hasta triste muchas veces. ¿Cómo esperar y mantenernos en ese camino sin decaer, y cómo hallar la fuerza para levantarnos para continuar cuando caemos? Creo que una buena respuesta es mediante la sabiduría milenaria y mediante aquellos ejemplos de vidas que siguen estos principios.

Les comentare de dos ejemplos, uno antiguo, la vida de José, en La Biblia, y un ejemplo actual de un joven del siglo XXI.

Acompáñame hasta el final…

 

La Historia de José el soñador

La excelencia es un concepto que vengo escuchando desde hace tiempo, en un principio pensé que se trataba de una cualidad única difícil de hallar, un concepto muy acariciado en estos tiempos. Sin embargo podría decir que para mi modo de verlo hoy en día creo que el mejor relato sobre la excelencia se halla en Génesis 37-50, aquella historia de un hombre llamado José, el soñador.

Desde su tierna infancia José fue el niño más amado por su padre, quizá por ser hijo de Raquel, la mujer que tanto amo, quizá y no sé si tan solo por ello. Pero me llama la atención que José hacia todo de la mejor manera posible, era honesto, era por sobre todo leal, tenía unos valores muy altos y aunque su alma muchas veces fue afligida él nunca perdió la fe en Dios, un Dios que lo cuidaba y miraba a cada instante, no importa si estuviera preso, cautivo, Dios era su todo y su amor por decirlo así. Creo que él no esperaba a Dios, él estaba con Dios. Dios le hablaba en sus sueños y aunque esos sueños en una ocasión le trajeron penas él sabía que algún día todo serviría a un plan mayor. Yo creo que a José eso no lo preocupaba, el simplemente vivía cada día al máximo, por algo siempre lo ponían a cuidar tanto los bienes, como a los demás, a administrar el lugar donde se hallaré. Como dice la historia finalmente llego a ser gobernador de Egipto.

 

Una historia actual

Recordé la historia de José, al observar otra muy parecida. El dueño de un restaurante en problemas emprendió una investigación para encontrar soluciones que le ayudaran a rescatar su negocio de una posible quiebra. Para esto contrato a un experto que le sugirió entre otras cosas investigar a su personal. Por consejo y con la ayuda de este experto en negocios, y sin que su personal lo supiera, observo por cámaras ocultas a cada trabajador, incluyendo a su otro socio, pasando por el cocinero, los barman y los mesoneros. Descubrió que en su ausencia cada quien actuaba a sus anchas, con excesiva comodidad, cada uno haciendo lo que le provocara, solo uno, un mesonero con siete años de experiencia, trabajaba con mucha dedicación, remendando incluso el trabajo a medio hacer por los demás, él era quien venía en silencio y atendía a los clientes, con humildad hacia su trabajo, con sencillez y honestidad, sin saber, al igual que los demás, que en esos instantes estaba siendo evaluado.

Más tarde, fue él en quien pensó el experto para ponerlo por encima de todos los demás, se convirtió, sin él siquiera esperarlo en el gerente general. ¿Porqué, cómo? simplemente haciendo su trabajo con pasión, con corazón, con fidelidad, no viendo a los demás, no pendiente de si el restaurante iba en picada, a la quiebra, no preocupado si los demás empleados alrededor se sentaban a charlar, el seguía como la hormiguita obrera, sin detenerse.

 

Algunas conclusiones

Todo esto me trae a la mente aquellas palabras de Jesús: “y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás” (Mt 20:27) Edición en papel

Al final en la historia de José, cuando sus propios hermanos sentían pena por haberlo vendido como esclavo, temor de que José tomara venganza por las cosas que le hicieron, fue el mismo José quien los consoló diciéndoles: “Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente. Así que, ¡no tengan miedo! Yo cuidaré de ustedes y de sus hijos. Y así, con el corazón en la mano, José los reconfortó.” (Génesis 50:20-21) Edición en papel

Cuanta grandeza tuvo este hombre, una grandeza tal vez no de él, sino inspirada por su amor a Dios…

Creo que a nuestros días les hace falta mucho de esta fe, de esta certeza, de esta unión que no espera, sino que vive al día la certeza de estar en el camino adecuado, una fe que nos hace inamovibles ante cualquier viento fuerte, un Dios que nos guarda bajo sus alas y nos conforta en su esperanza, en el regocijo de su amor, y nada más.

Creo que la excelencia por sí misma no puede sostenerse, la verdadera excelencia proviene siempre de un gran amor, un amor que se basta a sí mismo, y que no necesita nada más… La verdadera excelencia esta unida íntimamente a valores muy, muy altos. ¿Y de donde proviene la excelencia sino de la fortaleza de un carácter que se crece en la debilidad y se hace grande porque decide andar en humildad sin esperar nada a cambio? Quizá esa certeza de saber que Dios todo lo ve, es suficiente para dejar de tratar de tomar acciones distintas al correcto hacer… pero eso lo piensa esta alma pequeña, yo creo que las almas grandes ni siquiera se preocupan de esa justicia, tienen esa certeza, la saben, la conocen bien, y lo más importante es que saben que ante la justicia la misericordia es mucho mejor. Si nosotros por separado tuviéramos que recibir justicia, pobre de nosotros en nuestras faltas. Es algo para pensar.

Buscar la excelencia viene de un corazón desnudo, sin dobleces, viene de la certeza de un amor que merece de nosotros todo.

 

Espero les haya gustado y les haya servido este post.  Ha sido editado y actualizado por mí para ser publicado aquí en Steemit en esta ocasión, y publicado antes en mi blog La Sinfonía de la Vida.

La primera foto es de mi autoría, Fuentes II, III

 

 

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