Carta a una amiga llamada depresión | Divagaciones

Hacía mucho tiempo que no te escribía, amiga mía. Me da un poco de vergüenza venir a hablarte habiendo pasado ya tanto tiempo. Pero se supone que para las amigas el tiempo no pasa. Recuerdo cuando éramos tan frecuentes, con la emoción de haberte reconocido se me iban las horas observándote, tú me comprendías sin mirarme, sabías lo que yo sentía pues estabas en lo mismo, vibrábamos a la misma frecuencia.

Ambas flotábamos en esa sensación del sin sentido que llega sin aparentes motivos a apagarte las ganas de seguir intentándolo, a robarte las ganas de andar, las ganas de tan siquiera despertar. Ir a buscar ayuda en psicólogos y psiquiatras que describieran y hallaran hasta una posible razón de esto, una cura. Ambas sabíamos que las razones no sirven de nada, no importan cuando todo se desmorona.

Tomar pastillas para aliviar el dolor de respirar, y ver cada día como un gran desafío a enfrentar, tú sabías de todo eso, pero no te ibas.

Las pastillas ayudan a matizar el dolor, a no pensar, pero te hacen descuidada, a veces es preferible dejarlas y seguir en el remolino confuso, pero en plena conciencia, aunque esa conciencia sea cuestionable.

La química artificial duerme el dolor pero también la parte que quiere ser mejor, la parte que te reprocha los malos procederes, la propia vulgaridad, duerme la parte especial que surge allá en el abismo que ambas conocíamos… Elegí tu oscuridad a cambio de ese rayo de luz que me hace distinguir la diferencia, que me hace ver la vida con un tenue halo especial… y sí, lo reconozco, lloro, he llorado tantas veces. Pero la gran diferencia es que soy yo misma, consciente de mis actos, de esas elecciones brillantes o torpes que hago cada día.

Vivir puede doler, sí, parece que a algunos nos duele más que a otros, no lo sé, pero encontré mi lugar en unas letras, en un poema, una melodía, un atardecer, una flor que brota en la mañana en medio del rocío y el frío, en una voz desgarradora que puedo comprender con todas mis fibras porque he estado contigo.

Todo este escrito es para decirte amiga, que la vida no es lo que soñamos tantas veces de niñas, con ese hermoso orden establecido, sino que es diferente, es desordenada, es impredecible, es ruda, es cruel. Pero también es rara, te sorprenderías de lo que puedes descubrir si logras deshacerte de lo que piensas que es “lo correcto”, lo que “debe ser”, si logras soltarte de la seguridad de creer que tienes la razón, si logras voltear la manera en que miras hacia el horizonte… si te das cuenta que eres una mota de polvo en el viento, y te das cuenta de lo hermosa que ya eres, justo en este instante, si puedes darte cuenta en este segundo que estas completa como eres en medio de este caos…

Quiero decirte que sería raro extrañarte… que mi alejamiento se agrando cuando empecé a ver algo distinto, cuando sentí que te quedaste en un punto que sinceramente, ahora no comprendo o no quiero comprender, y lo siento tanto… porque sí, llegue hasta quererte, a entenderte, pero ahora estoy en el punto donde quisiera continuar, tomarte de la mano y sacarte de allí, para que te muevas aquí, adonde no hay certezas, es cierto, pero hay tanta belleza, hay esperanza en lo que aún no puedo ver, hay fe. No sé si recuerdas tantas veces que te dije que tal vez no podemos transformar el dolor en alegría, pero sí podemos hallar la belleza, la belleza de ser, simplemente, como ese tejido arrugado y hecho a mano, que es único porque no hay otro como él.

Sé que tú tienes que encontrar eso que te da significado ahí, dentro de ti, tu verdad, esa que te permita seguir, continuar. Amiga, mi amada amiga… juntas hemos caminado y a veces siento que me miras desde tus sombras y me llamas, y ya no te veo extraña, no podría, te conozco, una parte de mi está contigo, y he continuado porque cuando ya me había encariñado contigo he comprendido, que desde el inicio sabía que tú, como tantas otras cosas… también te vas… también te irás.

Las fotos son de mi autoría
@inspiracion

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