Efectos que perduran | Reflexión

Cuando vives en una casa o apartamento limpiar es una de las tareas rutinarias que hay que hacer. Cada quien le dedicará mayor o menor tiempo de acuerdo a su personalidad y a los sistemas que haya diseñado para llevar a cabo esta rutina.

Debo decir que durante años me he cuestionado ¿qué hay de edificante en ese tiempo que parece perdido?, ¿No pudiera estar haciendo cosas más importantes en lugar de limpiar, ordenar? Entonces recuerdo a los mojes tibetanos y sus largas horas dedicadas a estas labores mínimas y penosas. Los imagino inclinados limpiando el piso, lustrando objetos. Según los orientales estas tareas repetitivas son una forma de meditar, de poner a descansar nuestra mente, de concentrarnos en ese aquí y ahora. Además que realizar limpieza es un servicio no remunerado, la mayoría de las veces no es reconocida en ninguna manera por los más cercanos en el hogar.

Me he fijado que a los militares los ponen a realizar estas tareas simples durante sus primeros años de academia. Y es que debe haber algún tipo de tratamiento del carácter en esto, una manera de doblegar algunos ímpetus. Cuando se sale de control, algunas personas llegan a desarrollar trastornos obsesivos compulsivos con la limpieza y el orden, pero esto es un extremo indeseable, un problema a evitar, otro tema.

Pasar horas limpiando cuando para nosotros es una tarea obligada nos debe acercar después de cierto tiempo, en cierta medida, a la humildad, o puede ser que sea al contrario, mientras más humilde sea la persona menos resistencia tendrá a estas actividades.

Todo puede estar ligado al sentimiento de creer que se pierde el tiempo, o a la pereza, o a la creencia de que todo lo que hacemos debe ser productivo.

No todo lo que hacemos puede estar en la dimensión de lo productivo, aunque al limpiar obtienes el producto de la higiene y la salud.

Se pudiera pensar que no todo tiene que darnos como resultado un beneficio inmediato, o propio. Es aquí donde entra la idea de la generosidad, de dar sin condiciones por el puro placer de dar, entregarse. Y es aquí donde hace su entrada la palabra: Servicio.

Puede ser que por esta razón se inculque el hábito de la limpieza en los monasterios, recintos militares, y otros lugares donde se trate de moldear y someter el carácter, en un intento de disponer a las personas al servicio a los demás, al servicio en general.

En mis días de estudiante universitaria pase un tiempo con unas tías-abuelas, una de ellas era una señora muy circunspecta, inaccesible. Otra era jovial, alegre, pasaba por la casa de ida y vuelta a su trabajo, y así cada una tenía una manera de ser, eran varias. De todas ellas, me llamo la atención una en especial. Una mujer muy pacifica y tranquila, de poco hablar, de esas personas que prácticamente no notas que esta. Era como la esclava de la casa, se la pasaba todo el día lavando ropas a mano en una gran batea bajo un árbol, en el amplio patio trasero de aquella vieja casa. Se la pasaba limpiando los pisos, sirviendo la comida, regando plantas que pasaban a ser parte de todo lo que cuidaba. Todo lo hacía en silencio y con una mirada que parecía estar todo el tiempo sonriéndote. Debo decir que era la única que se fijaba en mí de alguna manera, mientras las otras tías y familiares estaban alrededor sumergidos en sus asuntos, fueron sus manos en silencio y casi sin que la percibiera las que en muchos momentos me acercaron una taza de avena, un pan… solo ella. Una mujer muy humilde, la tía Sabina. Ella en su anonimato, una enfermera retirada, viuda, sin hijos, viviendo en casa de su anciana madre, era la hormiguita trabajadora, fue la persona que menos escuche hablar, y sin embargo cada vez que siento rechazo a esas labores su testimonio callado me habla. La miro al fondo del patio restregando ropas… Fue la única que se compadeció muchas veces, y no necesito decir nada. Sus acciones hablaban, y me hablan a través del tiempo.

Las horas de limpieza después de todo sirven para algo, el darse a otros, el dar en general sirve a motivos más grandes. Causa efectos que perduran después de todo…

Gracias por leer.

La foto es de mi autoría
@inspiracion
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *