Decidiendo caminos | Reflexión

No dejes que el mal ejemplo, las malas acciones, el maltrato, hagan de ti alguien que no quieres ser. No te dejes influenciar de esa manera.

Aunque las malas acciones de los demás sean una fuerza que arrastra como un río hay que tener el coraje para pararse y decir: no, esto no puede entrar dentro de mí y dañarme, no puede si yo no lo permito.

Nuestras convicciones son la fuerza interna que nos llevan al camino que queremos andar.

Si podemos hacer que nuestros sueños, deseos y pensamientos se armonicen con nuestras emociones vamos a estar más centrados, no vamos a dejar que las circunstancias nos lleven como una veleta a donde ellas soplen y a hacer de nosotros alguien que no queremos ser, rompiendo nuestro equilibrio y nuestra paz.

Las personas más fuertes no son las que se dejan arrebatar por sus emociones, si no las que han logrado dominarlas y han encontrado una vía sana para expresarlas, porque no se trata de ocultarlas, se trata de no hacer daño con ellas, ni dejarnos dañar por ellas.

Sentimientos, emociones como la ira, la indignación, la tristeza, han sido motores para grandes creaciones en diferentes ámbitos, cuando quienes las experimentan han encontrado la manera de hacer algo bueno con ellas. La literatura, la música, son ejemplo de ello a través de la historia.

Miguel de Cervantes Saavedra escribió su Don Quijote estando en la cárcel, Dostoyevski también experimento esta misma situación, y así hay muchos ejemplos. No tenemos que resignarnos a la oscuridad sino que podemos fluir con la vida, y dar vida a través de nuestras creaciones. No importa si no eres un Cervantes, y ni siquiera un escritor, igual puedes escribir o hacer cualquier oficio que te haga feliz, que te llene. La cuestión es no conformarse con seguir ese camino contrario que es la destrucción, cuando el entorno te destruye o pretende hacerlo.

A veces nuestras emociones nos rebasan, nuestro entorno, y sí, nos podemos revolcar en la miseria y quedarnos un rato ahí, pero luego tenemos que decidir si seguimos ahí.

Siempre podemos decidir cuál es el motor que nos guiará en nuestras reacciones. Somos dueños de nuestras decisiones, esa es nuestra libertad última como decía Viktor Frankl, y la podemos ejercer siempre, nunca es demasiado tarde.

 

 

Muchas gracias por leer.

 

La foto es de mi autoría
@inspiracion

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