#Reto12Votos Semana 23 | Sociedad

Soy de las que piensan que la familia es la base de la sociedad, es el núcleo fundamental donde se forman los valores en los niños, es allí donde aprenden cómo desenvolverse, son los padres o adultos responsables de ellos quienes les enseñan cómo actuar, las normas en general, desde la educación elemental hasta los valores que sustentan sus vidas.

Mucho se nos ha tratado de decir de distintas formas y maneras que no es la escuela la que forma a un ciudadano, a una persona, sino la familia.

Y el niño aprende a modelar desde pequeño, desde la observación, no aprende solo de las palabras que se le dicen, aprende también de lo que mira.

Ser padres nos cuestiona por esto. La vida cambia de perspectiva y descubrimos la enorme carga afectiva que tienen nuestros gestos para ese frágil ser que se está levantando, ese ser lleno de tanta inocencia dispuesto a creer absolutamente en ti.

Para mí el ser madre me hizo querer ser mejor persona, me hizo ver la enorme importancia de otro ser, de su sensibilidad para absorber como una esponja todo lo que mira y percibe. Me hizo querer ser algo grande para él… algo que él pudiera ver con amor y alegría… Me hizo comprender la relevancia de esa frase que los libros de leyes tienen escrita: “el beneficio superior del menor”.

Lamentablemente, el hecho de perder este valor, el valor fundamental de la familia, deja a muchos niños a la deriva, niños que son tratados como objetos que se llevan de un lugar a otro, que se le dan cosas, niños a los que no se les brinda tiempo, que no se les habla, que no se les escucha. Niños que no se cultivan ni su intelecto, ni su corazón, menos sus talentos. Niños que se sienten solos, abandonados y hasta como una carga. Niños que llevan pesos que no son acordes a su edad ni a su madurez. Niños que en lugar de crecer a su ritmo, lo hacen de manera atropellada hasta la adultez, dando como resultado una madurez no alcanzada en muchos aspectos.

Niños que al llegar a la adultez están vacíos de afectos, de valores.

Creo que cualquiera me podrá decir: “Es que como están las cosas en el país, no puedo hacer esto, o aquello…” “No tengo tiempo”. Pues siempre les responderé: dar de ti, tu tiempo, solo requiere de ti. Muchos no saben lo grande que es para un niño que su madre o padre les hablen, los escuchen, los apoyen y se preocupen por ellos. Hay roles que no se pueden delegar, una abuela, un tío, inclusive un amigo, pueden encargarse, pero ¿lo harán como lo haría un padre, una madre? He allí el dilema.

La sociedad está dañada porque en primer lugar falla la familia. Y no se trata de tener familias perfectas porque eso no existe, se trata de que cada niño en este mundo y en este país tenga un adulto responsable que se encargue de él, de ayudarlo a levantarse, de preocuparse de ¿qué hace?, ¿a dónde va esa vida?, y en todo caso ayudarlo a conducirse por un sendero de bien. Apoyar.

Conozco muchos casos de niños y adolescentes que no tienen esta presencia en sus vidas, que los adultos allí presentes, no forman parte de su vida, apenas “están ahí”. Esto es muy triste.

Y entonces como no vamos a tener problemas como sociedad, si las bases están resquebrajadas.

Como padres uno tiene que tener una relación con sus hijos, estar con ellos ser parte de sus vidas, ayudarlos a levantarse, a que ellos puedan emprender su propio vuelo.

En la actualidad tenemos que pensar más en los niños, en los jóvenes…

El hogar debe ser una hoguera para ellos, un refugio, el sitio desde el que son impulsados a la vida.


Este es un poema que escribí en mi blog hace tiempo acerca del hogar, espero les guste.


Hogar

Un núcleo
Una hoguera
El vientre que nos lleva
Brazos que sostienen
Un regazo siempre
Voces conocidas
Canciones compartidas
Alimentos, agua, vida…
Un café con leche, pan y buenos días
Ir juntos de la mano a la escuela
Un esperar para juntos regresar
La tarea practicada entre los dos
Una palabra tuya
una mueca mía
para decir: así sí, o, no, no…
Un jugar a la pelota, lánzala tu, la atajo yo
Ahora yo y luego tu.
Ver la tele, entre exclamaciones.
Preguntas que van,
respuestas que vienen.
Escuchar un cuento con muchas voces
e ir a dormir entre bendiciones.
Reír, molestarse, y volverse a contentar.
Estar cuando te llaman
no importa la causa.
Compartir el mismo asiento,
la misma casa,
subirse todos a la misma cama,
huyendo de truenos y de rayos,
creyendo que así nada podrá pasar.
Decirse todo sin miedos
y sin contusiones.
Dar todo por defender a alguno.
Un refugio,
un nido…
La protección del niño
Lo único que alivia la soledad del anciano.
La base de todo lo que nos hace humanos.
De donde venimos…
Y si buenos frutos sembramos
a donde vamos,
adonde quiera que vayamos. 


Gracias por leer.
Textos y fotos de mi autoría
@inspiracion

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